Con Danseur, Hercules & Love Affair explora la relación entre la historia de la cultura queer y la música electrónica, tomando inspiración de clubes, artistas y momentos que marcaron distintas épocas de la escena. El proyecto también funciona como un recorrido personal por el duelo, la intimidad, el amor y la vulnerabilidad.
A través de esta conversación, hablamos sobre la creación del EP, la influencia de figuras como SOPHIE y Aerea Negrot, el proceso de colaboración con Elín Ey y Quinn Whalley, así como la manera en que Andy Butler entiende actualmente la relación entre la pista de baile y la historia queer.
En Danseur recurres a lugares, personas y momentos muy específicos de la historia de los clubes queer. ¿Cómo decidiste qué historias y figuras formarían parte del proyecto y de qué manera esa investigación histórica influyó en el sonido del EP?
Todo comenzó con la primera colaboración, junto a Faris Badwan, para la canción “Pirouette”. Ambos habíamos perdido recientemente a personas cercanas: SOPHIE en el caso de Faris y Aerea Negrot en el mío. Las dos eran mujeres trans y artistas excepcionalmente talentosas.
Antes de la sesión hablamos durante mucho tiempo sobre cómo nos sentíamos y decidimos escribir sobre ello. A partir de ahí, algo similar ocurrió de manera natural con Hips & Lips, cuando escribimos “My Journey”. La letra no hablaba necesariamente de salir del clóset de manera intencional, pero mientras la escribíamos nos dimos cuenta de que podía interpretarse de esa forma.
Sabía que quería explorar el sonido de las primeras etapas de la música electrónica de baile posterior a la era disco y, a partir de ahí, comencé a pensar en la intersección entre la cultura queer y la música dance. Y así surgió todo.
“The Eyes of Love” transforma una historia profundamente personal relacionada con el amor, la intimidad y la crisis del VIH/SIDA en una canción para la pista de baile. ¿Cómo abordas convertir algo tan emocionalmente complejo en música que también está pensada para vivirse colectivamente en un club?
La pasión y el desamor han estado presentes desde el comienzo, también en el disco. “Don’t Leave Me This Way” es un ejemplo perfecto.
Siempre he escrito desde mis experiencias personales, o desde mi propia perspectiva, compartiendo mi corazón y mis pensamientos. A estas alturas, es prácticamente mi camino artístico.
En mi disco anterior, In Amber, también exploré la muerte, aunque no necesariamente desde la pista de baile. Es simplemente la manera en la que entiendo mi arte y proceso mi vida a través de la música.
Hay una narrativa en estos EPs y decidí hacerlo, quizá más que en otros momentos de mi carrera, de una manera mucho más literal.
Has descrito Danseur como una especie de residencia de DJ en uno de estos clubes legendarios. Al momento de ordenar el EP, ¿lo imaginabas como una sesión de DJ narrativa? ¿Cómo influyó esa idea en las transiciones entre euforia, oscuridad, intimidad y pérdida?
Es más parecido a un viaje a través de una sesión de DJ o a visitar diferentes clubes que tenían sonidos distintos.
Por supuesto, programarlo correctamente era importante. Había un camino claro a través de “la sesión”, por así decirlo, que se sentía apropiado. Probablemente esa sensación viene de la experiencia.
En lugar de recrear simplemente el sonido de lugares como Blitz, Taboo o BoyBar, llevas su espíritu a un contexto electrónico contemporáneo. ¿Qué decidiste evitar deliberadamente para que Danseur no se convirtiera únicamente en un ejercicio de nostalgia?
Mi amigo Jeffrey Hinton, a quien está dedicado este disco, toca canciones de todas las épocas constantemente y lo explica de esta manera: cuando reproduces un disco de 1979 en 1985, es como si un fantasma reapareciera, pero adquiriendo un significado y una importancia diferentes para la audiencia.
Las canciones no mueren. Esa es la belleza de ellas: significan cosas distintas en diferentes momentos.
Definitivamente no me interesa crear una versión “mejorada” del disco simplemente por hacerlo. Trabajar con estas paletas sonoras tenía una intención artística y personal específica, como expliqué anteriormente.
También fue fundamental trabajar con innovadores como Quinn Whalley y Margo Broom para llevar el proyecto hacia el presente.

Creaste Danseur junto a Elín Ey y Quinn Whalley, compartiendo una pasión por el acid house, el disco y los sonidos electrónicos más oscuros. ¿Qué sucede en el estudio entre ustedes que transforma una idea personal en algo que se siente distintivamente como Hercules & Love Affair?
La colaboración entre personas cambia las cosas inmediatamente. Es como la química, como mezclar diferentes sustancias.
Una canción mía llega a personas con un talento innato que pueden aportar su propia perspectiva a mi visión, con intención, y entonces sucede algo mágico.
Pero realmente ocurre cada vez, incluso cuando las cosas funcionan accidentalmente, como al principio de Hercules & Love Affair. Sin embargo, el material base era necesario, y ANOHNI y yo fuimos los pilares de ese proyecto.
Desde Blind hasta Danseur, la identidad queer, la intimidad y la vulnerabilidad emocional han sido elementos centrales de Hercules & Love Affair. Después de casi dos décadas explorando estos temas a través de la música dance, ¿ha cambiado tu manera de entender la relación entre la historia queer y la pista de baile? Y si es así, ¿cómo ha transformado eso tu visión creativa?
Me alegra haber tenido momentos en los que pude descubrirme a mí mismo en las pistas de baile, crear música que ha permitido que otras personas hagan lo mismo y darme cuenta de que, en realidad, gran parte de la vida sucede fuera de la pista.
Por eso es un lugar especial, pero no es el único. La historia queer también se construyó en las calles, en la literatura y el arte, en la revolución.
Mi visión creativa se ha ampliado.





