Bruno Martini reinventa Please Don’t Go, uno de los grandes himnos del dance de los ’90, con una conexión familiar directa al tema original y una mirada moderna, el remix busca construir un puente entre generaciones sin perder la esencia emocional que convirtió a la canción en un clásico.
Reversionar una canción tan icónica como “Please Don’t Go” tiene un gran peso emocional. ¿Cómo influyó tu conexión personal con el tema en el remix?
Siempre fue una canción muy cercana para mí. Mi padre es el guitarrista de Double You y crecí escuchándola. Eso hizo el proceso más desafiante, pero también me permitió entender su esencia. El remix se construyó desde el respeto y la sinceridad emocional.
¿Qué elementos debían mantenerse intactos y cuáles podían evolucionar para una nueva generación?
La melodía y la simplicidad emocional son intocables. Lo que puede cambiar es el entorno, el ritmo, las texturas y el sonido. Si la emoción se mantiene, la producción puede ser más audaz.
¿Te ves más como curador del legado o como autor de una nueva versión de la canción?
Un poco de ambos. Hay una responsabilidad histórica, pero un remix también debe reflejar quién soy hoy. No quise recrear el pasado, sino traducirlo a mi propio lenguaje sonoro.
¿Cómo puede evolucionar la música dance clásica en el contexto actual?
Estas canciones siguen siendo fuertes por su emoción. La evolución llega desde la reinterpretación, no desde el reemplazo, y permite que nuevas generaciones se conecten con el tema.
¿Cómo equilibraste la experimentación con el respeto por el original?
Todo partió de la intención. Cada decisión debía servir a la canción y no al ego. Fue clave saber cuándo avanzar y cuándo contenerse.
¿Cómo imaginás el futuro de esta nueva versión?
Como un puente entre generaciones. Une a quienes crecieron con el original y a quienes lo descubren hoy, y refleja una música electrónica más emocional y menos ligada a tendencias.






